Tenía mil razones para sonreír, y muy pocas ganas de recordar las penas.
Hoy el sol había vuelto a salir guiñándole a ella y a la vida. Y aunque había nubes, no las suficientes para hacerle olvidar que el sol jugaba a esconderse.
La vida le había devuelto la moneda con la cara, y la cruz,... la cruz para quien la quisiera.
Hoy era otra, con las ganas de siempre, con sus bailes de balcón, con la sonrisa puesta y el corazón dispuesto.
El destino había vuelto para demostrarle que si se caía, tenía que volver a levantarse, pero con más ímpetu. Con nuevos tacones.
Si quieres, te doy la mano, y luego volamos. Prometo llevarte a donde los sueños se hacen realidad. No sé qué pasará allí, pero sí sé que mi mano no te soltará.
- S.